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El principio Mushotoku y la rendición del yo en la práctica zen por José Manuel Martínez Sánchez Introducción
Vivimos inmersos en una cultura que celebra la eficiencia, el rendimiento y la finalidad como valores rectores de la existencia. Desde la educación temprana hasta las estructuras laborales y espirituales, se nos enseña a aspirar, a conquistar, a mejorar. Incluso la práctica espiritual, que históricamente ha sido un espacio de liberación respecto al deseo, ha sido colonizada por la lógica del rendimiento: se medita para calmar la mente, para mejorar la concentración, para elevar el “nivel de conciencia”, para alcanzar la tan mentada iluminación. En este contexto de obsesión con el progreso, resulta profundamente subversivo y, al mismo tiempo, radicalmente liberador, encontrarse con un concepto como Mushotoku, propio del budismo zen. Literalmente, mushotoku (無所得) significa “sin beneficio”, “sin ganancia” o “sin nada que obtener”. Pero su verdadero calado filosófico va mucho más allá de una mera renuncia material o de un eslogan de desapego.
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José Manuel Martínez Sánchez 1. Introducción
En las últimas décadas, la conciencia corporal ha emergido como un eje de investigación relevante en diversos campos: desde la psicología humanista y las ciencias cognitivas hasta la filosofía continental y las prácticas contemplativas orientales. El cuerpo ya no se entiende exclusivamente como un objeto biológico o un mecanismo anatómico, sino como una realidad vivida, sentida y constituida por la experiencia subjetiva. En este sentido, la noción de "cuerpo vivido" propuesta por Merleau-Ponty (2006) ha servido como punto de partida para repensar la corporeidad en términos fenomenológicos, relacionales y existenciales. Lo no-dual indica -al decir que no hay dos- que la realidad mental tal como se concibe (yo-tú, observador-objeto observado...) es una ilusión, un filtro que distorsiona la realidad esencial. Vedanta significa "conocimiento último", es decir, señala la conclusión final de la sabiduría de los vedas, dentro del marco del hinduismo, sosteniendo, por tanto, que la realidad última es no-dual.
Regocíjate en el silencio...
Envuelve tu alma en el mantra callado de tu respiración. Toma este nuevo aliento, deja que penetre por todo tu ser, deja que el aire se funda y confunda con tu nombre, que las palabras ya no sean lo que crees que eres, deja que todo se disuelva contigo, en ti, en este momento del que no quieres saber nada, analizar nada... Meditar es establecer un canal de comunicación con la conciencia. Ese canal de comunicación no es con la mente, es decir, no es dual, no es a través del lenguaje, no es a través de las comparaciones, los juicios, los argumentos…
El canal de comunicación con la conciencia es no-dual, se establece a través del silencio interior, cuando la mente se acalla, cuando en vez de hacer, pensar o hablar sucede la escucha, la contemplación, el no hacer. La mente es del ego, la conciencia pertenece al Ser. Fragmentos del libro La luz de la conciencia. Palabras desde la no dualidad, de José Manuel Martínez SánchezLa luz de la conciencia es un libro sobre no dualidad (advaita en la tradición hindú del vedanta). Un libro en el que José Manuel Martínez Sánchez, en tono poético y místico, profundiza en la indagación espiritual del ser, la meditación no dual, la verdad, el amor, la eternidad, la conciencia y tantos otros temas universales. LUZ DE LA CONCIENCIA
Meditar es encender la luz de la conciencia, arribar a la claridad del ser y a la verdad de aquello que somos. Accedemos al principio de todo, al origen y a la esencia de la vida. Cada instante de meditación es el comienzo del comenzar, la contemplación del aire en el alma, del aire en el ahora, del amor. Meditar significa un fundirse en el espacio de la totalidad, en la gracia de lo amplio, en la gracia de lo eterno. Lo que acontece no puede narrarse ni describirse por medio del lenguaje; acontece un océano sin tiempo, una dicha profunda bañada por el aroma de lo cierto. Tiene lugar el encuentro, el regreso al hogar verdadero. Tiene lugar la entrega al Ser, el ofrecimiento de la parte a su todo inconmensurable, donde el alma -en su realidad de unión inseparable- es el origen sin fin de la bienaventuranza, la compasión y la felicidad que deviene de Ser Uno con la luz de la conciencia y el amor. En el camino del silencio, donde el alma puede escucharse, reconozco la vida en su pura esencia, la que este instante me ofrece... No hay más, lo que soy se revela ahora, y todo lo auténtico se expresa para dejarme comprender que todo cuanto quiero no espera mañana, no es un sueño por el que desesperarse embargando el tiempo y la vida. No. Lo eterno se puede respirar en este momento.
Dispuesto, en este momento, al instante que surge.
Abierto a la verdad de la presencia: lo único real que siempre acontece. Desde ti mismo, en este lugar, la vida se expresa y tú la presencias, integrado, receptivo, sin dispersarte en elucubraciones del ayer o del mañana, pues todo es ahora y tú naces en esta presencia pura donde el milagro del instante florece. ¿Quién soy yo? Sé que la respuesta vuela en el aire cada vez que pronuncio la pregunta. Sé que este vuelo no se puede detener, ni atrapar ni delimitar de ningún modo. Sé que la verdad de mi ser es simplemente que soy, que hay algo que es, que presencia, que respira, que ve, que escucha o que siente. Sé que hay algo que presencia todo esto. Sé que ese que presencia es transparente, puro, indefinible, que está aquí y al tiempo no está en ninguna parte. Ese que presencia, ese testigo, observa natural a esta conciencia espontánea que vuela en el aire como un pájaro sin rumbo aparente, planeando bajo las nubes, surcando paisajes bañados por la cálida luz de un sol que colorea tierras, plantas, océanos puros e interminables.
Palabras en la no-dualidadCuánta vida hay en lo eterno, en lo eterno de un instante, en una mirada entregada al solo mirar, serena y deslumbrante, deslumbrada de paz. Todo lo visto, oído o soñado es uno en la mirada viva del ahora, en suma unificada hacia el infinito, siempre completa en su resultado. Porque el resultado es unísono, la resolución es la vivencia del descubrimiento de ser siendo, tal testigos del milagro de la vida, no pidiendo nada al acontecer: pues éste supone en sí mismo la más evidente culminación. Acontece sin más... y es. Ya es. Obsérvalo. No esperes al encuentro, pues el encuentro ya está aquí: en ti. Siempre lo estuvo.
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